La cultura de la calumnia y la degradación de los valores democráticos
La exitosa purga del nombramiento de Charles Freeman como presidente del Consejo Nacional de Inteligencia por parte de la ZPC ilustra el poder que ésta detenta en todos los nombramientos que se producen dentro del gobierno estadounidense. La purga de Freeman revela los métodos y tácticas de la ZPC, su red de poder entre las diferentes ramas del gobierno y sus vínculos con los dirigentes de la organización estadounidense judío-sionista.
La purga pone de manifiesto el hecho de que la lealtad al estado de Israel se ha convertido en una condición indispensable para poder acceder a cualquier puesto importante en el gobierno estadounidense y que, a la inversa, cualquier candidato para un cargo importante, no importa las cualificaciones posea, si se le ha ocurrido criticar la política israelí, se le elimina autormáticamente.
La aplicación del juramento de lealtad a Israel, que se produjo en el caso de la purga de Charles Freeman, es un acto claro de intimidación dirigido contra toda la clase política estadounidense: Pónte a criticar a Israel, en cualquier contexto, ¡y ya te puedes despedir de tu carrera para siempre! La purga de Freeman tiene inmensas consecuencias presentes y futuras para los políticos estadounidenses, para el debate público y para las libertades democráticas en EEUU.
Como ocurre casi siempre, cuando en EEUU se plantea alguna cuestión o nombramiento político de interés para el estado de Israel, el AIPAC toma la iniciativa. En el caso de la purga de Freeman, cuando el director de la Inteligencia Nacional, Dennis Blair, anunció la designación de aquél, el AIPAC hizo circular un “dossier” de mentiras, calumnias y difamaciones sobre Freeman y sus posiciones, centrado en sus críticas hacia acciones específicas israelíes, a saber, su brutalidad en Gaza y en Líbano y sus violaciones de los derechos humanos.
El ataque judío-sionista fue dirigido (no podía ser otro) por Steve Rosen, el encargado desde hace mucho tiempo de hacer el trabajo sucio para el AIPAC, acusado de graves delitos y actualmente juzgado por espionaje por pasar documentación clasificada estadunidense relacionada con la política iraní a agentes del gobierno israelí. Promovido por el AIPAC, un tsunami de artículos y comentarios atacando a Freeman aparecieron en los medios más importantes, describiéndole como un “instrumento árabe”, “anti Israel” y cosas aún peores.
En paralelo a la campaña en los medios, los principales senadores judíos-sionistas Schumer y Leiberman y el representante Cantor lanzaron una virulenta campaña en el Congreso, aunque su nombramiento no necesitaba la aprobación del Congreso. Schumer se aseguró la complicidad de la Casa Blanca en la purga a través de comunicaciones directas con el Jefe del Gabinete de la Casa Blanca y compañero sionista Rahm Emmanuel, quien probablemente pasó la “línea” al compañero sionista Axelrod, el asesor jefe de Obama.
En ningún momento, ni un solo funcionario en todo el régimen de Obama pronunció una sola palabra en apoyo del nombramiento de Freeman propuesto por Blair ni rechazó las mentiras ni las asesinas arengas de los compadres de Lieberman, Schumer y sus compañeros de viaje. Donde el régimen de Obama no fue abiertamente cómplice, la maquinaria de la purga sionista se dedicó a intimidar logrando un silencio aquiescente.
El profundo, insidioso, autoritario y partidista carácter del liderazgo sionista en el Congreso puesto en evidencia con la purga de Charles Freeman es consistente con el apoyo de Lieberman y Schumer para que se nombre a Michael Hayden director de la CIA de Obama, el agente fundamental en poner en marcha el ilegal programa de espionaje interno de Bush y su apoyo para el ultrasionista Michael Mukasey como Fiscal General de Bush, que perdonó la utilización de torturas con agua a “sospechosos” por agentes estadounidenses.
Lo que más sorprende en la purga de Freeman emprendida por los sionistas del Congreso es el hecho de que sus dirigentes afirmaran abiertamente que se habían “cargado” su nombramiento para sofocar cualquier crítica a la política israelí. El senador por Nueva York Schumer dijo: “Charles Freeman era el chico equivocado para este puesto. Sus declaraciones contra Israel superaban todo lo aceptable e iba contra corriente en la administración. Insté repetidamente a la Casa Blanca para que le rechazaran y me alegra que hicieran (sic) bien las cosas”. (citado por Glen Greenwald en “Charles Freeman Fails the Loyalty Test”, www.salon.com, 10 de marzo de 2009).
El poder y la arrogancia de la ZPC son tales que Schuman no se cortó en alardear abiertamente de cómo obligó al director de la Inteligencia Nacional, Dennis Blair, a capitular y renunciar a su candidato. En su ampliamente publicado comunicado de renuncia, Freeman describió con elocuencia el poder destructivo y las operaciones puestas en marcha por la Configuración del Poder Sionista:
“Los libelos contra mí y su fácilmente rastreable huella de emails demuestran de forma terminante que hay un lobby poderoso determinado a impedir cualquier punto de vista que no sea el suyo propio”.
“Las tácticas del lobby israelí llegan hasta las más profundas simas del deshonor y la indecencia e incluyen la difamación, la intencionada manipulación de los archivos, la fabricación de falsedades y un absoluto desprecio por la verdad”. (Citado en Al Yasira, 10 de marzo de 2009).
Al purgar a Freeman, la ZPC está en posición de influir sobre los futuros directores de la inteligencia estadounidense y asegurarse de que sus informes no contradigan la “inteligencia” israelí, especialmente sus mentiras acerca del programa nuclear de Irán. Schumer, Lieberman, el AIPAC y los presidentes de las Organizaciones Judías Estadounidenses Más Importantes se han apoderado de otro nivel vital de poder al impulsar la política estadounidense hacia una confrontación militar con Irán en línea con los dictados de Israel.
El poder de la ZPC sobre el régimen de Obama tiene consecuencias importantes en la política exterior de EEUU, especialmente en la política bélica en Oriente Medio y en todo el mundo, donde países, regiones, movimientos y pueblos rechazan el Estado militar-colonialista de Israel y la ideología racista sionista. Los mismos políticos que se “mantienen junto a Israel” son también los que apoyan la línea de enfrentamiento militar con Irán a menos que capitule ante los ultimátum israelíes y estadounidenses y renuncie sus políticas de energía nuclear y a sus vínculos con los árabes/musulmanes anticolonialistas y otros movimientos y gobiernos independientes.
Las “negociaciones” con Irán, Siria y Palestina, según las formuló Obama a partir de sus nombramientos sionistas y de las condiciones que éstos exigen, no tienen futuro: Se han convertido automáticamente en unos tinglados que llevan a una confrontación militar, a una escalada de las sanciones y a consentir los robos de tierra de Israel. El resultado es el aumento de la tensión y de los gastos militares masivos continuados del régimen de Obama en una época de catastrófica recesión económica.
La aparente irracionalidad de dedicar los escasos recursos económicos a guerras sin fin y confrontaciones militares en las no hay intereses de seguridad estadounidenses en juego, sólo puede explicarse por los intereses militaristas del Estado de Israel y el poder de sus partidarios en EEUU para imponer su definición de “seguridad” sobre el gobierno estadounidense.
Para probar empíricamente nuestra hipótesis sobre el alcance y profundidad de la influencia de la Configuración del Poder Sionista y su capacidad para subordinar las políticas de la Administración Obama a los intereses de Israel, hemos examinado diez áreas de cuestiones importantes. Planteamos las posiciones y acciones israelíes, especialmente en las cuestiones vitales relativas a la paz y la guerra que afectan a los intereses, nombramientos clave y relaciones estratégicas de Estados Unidos. Hemos hallado que en casi todas las áreas temáticas, la posición israelí se había trasladado a la política estadounidense. Este alto nivel de correlación se explicaba sucesivamente en la intensa actividad de la Configuración del Poder Sionista y en el alto nivel de penetración de esos funcionarios partidarios de Israel en todos los puestos importantes de la política y en el poder de veto que son capaces de ejercer ante determinados nombramientos, tanto la ZPC como sus dirigentes en el Congreso.
La Configuración del Poder Sionista
La Configuración del Poder Sionista (ZPC) planeó y organizó la retirada del veterano diplomático Charles Freeman de la dirección del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC) del presidente. Es una de las mayores victorias de Israel en sus esfuerzos por controlar la política exterior de EEUU en Oriente Medio. El NIC es un aparato de alcance mundial, compuesto por dieciséis agencias de inteligencia con 100.000 empleados y un presupuesto de de 50.000 millones de dólares. Es el “cerebro” y las “manos” a la hora de reunir la información más importante y confidencial utilizada para analizar y formular la política estadounidense y para dirigir las operaciones clandestinas de todo el imperio global estadounidense.
Mediante su desvergonzada purga de la elección del Almirante Blair como Jefe de Inteligencia de Obama, la ZPC ha anunciado a todo el establishment político de EEUU, a sus aliados y a sus enemigos, que la próxima designación debe ser sometida a su examen y aprobación, lo que significa que el candidato debe ofrecer su lealtad a las políticas israelíes. Además de su abrumadora presencia en la rama del ejecutivo, incluida la Casa Blanca y los asesores más cercanos al presidente, la demostración pública de su total dominio sobre ambas Cámaras y su creciente penetración en el mando cívico-militar en el Pentágono, su eficaz absorción de los altos puestos de inteligencia cierra el círculo del control sionista, o mejor dicho, del dominio absoluto sobre todo el Estado estadounidense. El resultado es la subordinación de las políticas e intereses nacionales de EEUU a los objetivos militaristas de Israel, incluyendo el apoyo a las conquistas y hegemonía israelíes en Oriente Medio y en otros lugares.
Sionistas en el poder
La “coincidencia” o correlación entre las ilegales políticas militaristas de Israel y la aprobación y conformidad del régimen de Obama, aunque esto implique sacrificar promesas electorales, intereses securitarios y económicos a nivel nacional y la opinión pública mundial, puede explicarse en gran medida por el nombramiento de veteranos partidarios de Ante todo, Israel para puestos decisivos de política exterior y asesoría.
En el mismo centro del régimen de Obama, en la posición más influyente a la hora de elaborar políticas tenemos a David Axelrod, el principal asesor del presidente, a quien el New York Times describió recientemente como: “Tiene más peso que ningún otro en la nómina del presidente… Muy pocas de las palabras que salgan de la boca del presidente no contarán con la bendición de Axelrod. Revisa todos los discursos, estudia todas y cada una de las posiciones y trabajos políticos de importancia… para preparar las respuestas a la crisis actual”. (New York Times, 9 de marzo de 2009).
El amigo y compañero sionista más antiguo de Axelrod, el Jefe del Gabinete de la Casa Blanca, el israelo-estadounidense Rahm Emmanuel, se reúne con él cada mañana para coordinar sus agendas para la Casa Blanca. El dueto sionista, los Rasputines de Chicago mascadores de pizza y bebedores de té de hierbas, son los sionistas políticos más directos e influyentes que aseguran la primacía de los intereses de Israel a la hora de elaborar la política estadounidense para Oriente Medio, desde matar de hambre a los habitantes de Gaza a atacar a Irán.
Sin duda, Axelrod y Emmanuel tuvieron “algo que ver” en el nombramiento efectuado por Obama-Clinton del compañero sionista Jeffery Feltman y de Daniel Shapiro como jefes de las negociaciones con Siria (BBC, 7 de marzo de 2009). Su agenda, las prioridades de Israel, aseguran que no hay ninguna posibilidad de conseguir un acuerdo global. El dueto sionista de la Casa Blanca estuvo sorprendentemente silencioso mientras sus compañeros sionistas criticaban con ganas la designación de Charles Freeman para dirigir el Consejo Nacional de Inteligencia de Obama e ignoraban la humillación que Israel le infligió a la Secretaria de Estado Clinton durante su visita a ese país cuando el estado judío arrasó los hogares de familias palestinas en el Jerusalén Este árabe el mismo día de su llegada, en claro repudio de la solución de “dos Estados” de Obama.
Con el consejo y consentimiento del principal asesor económico sionista, Laurence Summers, el régimen de Obama designó al compañero sionista y ex compinche clintoniano David Cohen para el puesto más importante en la tarea de controlar la “financiación terrorista” (Financial Times, 9 de marzo de 2009, pág. 2).
Cohen estará en posición de desempeñar varias tareas fundamentales para el Estado israelí, incluyendo las de perseguir a todas y cada una de las instituciones de beneficencia musulmanas y organizaciones humanitarias palestinas y presionar sobre los fondos de inversión, de exportación y financieros estadounidenses y exteriores para que retiren sus inversiones de los países musulmanes y árabes críticos con Israel.
Se puede esperar que presione de forma agresiva a los bancos y exportadores asiáticos y europeos para que pongan fin a su comercio e inversiones en Irán. Aunque sobre el papel es un “nombramiento secundario”, en realidad Cohen jugará un papel clave a la hora de promover las sanciones económicas israelo-sionistas de línea dura contra Irán y de mantener el bloqueo contra Gaza. El director de la agencia de no proliferación nuclear de Obama es Gary Samore, quien estableció claramente sus credenciales como partidario de Ante Todo, Israel en un discurso ofrecido en Israel el 18 de diciembre de 2008, cuando declaró que estaba a favor de bombardear Irán si no se conseguía cerrar su programa de enriquecimiento de uranio, un programa que es legal bajo el Tratado de No Proliferación Internacional (Financial Times, 24 de febrero de 2009, pág. 9).
El 24 de febrero de 2009, el régimen de Obama nombró a Dennis Ross como asesor especial de Hillary Clinton para la región del Golfo. Ross es uno de los altos operativos de Israel en el establishment político de Washington con largo historial de relaciones de trabajo con institutos políticos estadounidenses e israelíes con vínculos con el establishment de la política exterior, la inteligencia y el ejército israelíes. En noviembre de 2008, Ross firmó un documento defendiendo un ataque militar contra Irán. Ross, como enviado del presidente Clinton en las negociaciones entre Israel y Palestina, contribuyó a que éstas se rompieran al asumir las posiciones no negociables de Israel y difamar a Yaser Arafat calificándole de “escollo”.
La Configuración del Poder Sionista domina todos los comités políticos exteriores clave en el Congreso, bien directamente o a través de sionistas judíos o representantes electos que van a remolque vía contribuciones financieras o amenazas de venganzas electorales y campañas calumniosas en los medios de comunicación.
En las primeras semanas en el poder, la maquinaria política sionista ha bloqueado con todo éxito las iniciativas de algunos de los asesores de Obama para asistir a la conferencia antirracismo de Durban y ha desviado las críticas del criminal bloqueo de Israel contra Gaza de dos congresistas que visitaron Gaza para contemplar la destrucción con sus propios ojos. La ZPC ha calumniado y forzado la retirada del nombramiento de Charles Freeman como jefe del Comité Asesor de Inteligencia. Ha endosado abiertamente la apropiación masiva de territorio en Cisjordania y Jerusalén Este.
El régimen de Obama, alineado con Israel, ha enterrado eficazmente cualquier pretensión de negociaciones de paz con los palestinos cambiando el enfoque a unas “negociaciones/acuerdo regional”, por las que los enviados sionistas se dedican a presionar a Siria, Líbano e Irán para aislar a los dirigentes palestinos que se oponen a la anexión de su tierra por Israel y a la expulsión de su pueblo.
La profunda y extensa penetración de la ZPC en el régimen de Obama representa la mayor amenaza para la seguridad nacional de una potencia exterior desde la fundación de la República estadounidense. El alcance y destructivas consecuencias se detallan más ampliamente en el texto “Israel Asserting Middle East Supremacy: from Gaza to Tehran”. [En español, “Israel reafirma su supremacía en Oriente Próximo, de Gaza a Teherán”: http://www.rebelion.org/noticia.php...].
El poder de la ZPC también se pone de manifiesto en la rama judicial y queda ilustrado en el juicio por espionaje a dos importantes dirigentes del AIPAC -el principal lobby pro Israel- Steven Rosen y Keith Weissman. Ambos fueron arrestados y acusados después de que admitieran haber cogido documentos clasificados estadounidenses relativos a la política de EEUU hacia Irán y habérselos entregado a un espía del Mossad, la inteligencia israelí, asignado a la embajada israelí en Washington DC.
El juez federal del caso, R. S. Ellis ha emitido varios fallos a favor de los espías: reforzando el punto de vista de aquéllos de que el acto de entregar documentos clasificados a una potencia extranjera es una “práctica habitual” en Washington y no espionaje. La ZPC ha movilizado con éxito a todo su aparato en los medios de comunicación de masas, a sus seguidores en el Congreso y a un amplio espectro de progresistas judíos y gentiles en defensa de Rosen y Weissman en nombre de la “libertad de expresión”, equiparando perversamente el robo de documentos oficiales clasificados estadounidenses relativos a cuestiones de seguridad, pasándoselos a un agente de un gobierno extranjero con el uso por el periodismo de investigación de fuentes gubernamentales.
Los numerosos arrestos del FBI y discretas deportaciones de decenas de espías israelíes sin acusación ni juicio, y la frecuente queja de antiguos funcionarios estadounidenses de que “órdenes desde arriba” bloqueaban sus testimonios acusatorios ante el poder de sionistas colocados en puestos muy altos o autoridades bajo su control que aseguraban la impunidad a los espías que cometían actos hostiles e ilegales contra la seguridad y los intereses económicos de EEUU. La presencia de tantos sionistas en puestos de poder en el régimen de Obama asegura que las operaciones israelíes de espionaje en EEUU pueden suspenderse porque Israel puede obtener cualquier documento o deliberación directamente de los funcionarios de la Administración Obama. ¡Mejor incluso, los israelíes pueden “coelaborar” ellos mismos algunos documentos de toma de posición!
Con los sionistas en el poder, significa que el imperio de EEUU proseguirá enérgica y agresivamente los enfrentamientos militares y las guerras regionales en Oriente Medio a instancias de Israel. La Casa Blanca o el Congreso dominado por los sionistas no han cuestionado a ningún nivel los costes exorbitantes de servir a los intereses de Israel incluso en medio de una depresión económica grave.
Virtualmente, todo el establishment de los medios más importantes y las 51 Organizaciones Judías Estadounidenses Más Importantes, que están presionando a favor de bloqueos, sanciones y guerra preventiva contra Irán, son libres de ignorar las pérdidas inmensas y los sufrimientos que suponen para el pueblo de EEUU estas desviaciones de miles de millones de dólares de los impuestos estadounidenses, de las inversiones en el interior del país a las guerras para Israel.
El control sionista sobre la política hacia Oriente Medio de la Casa Blanca asegura que EEUU se enredará en guerras sin fin en el Golfo Pérsico y en el Sur de Asia, porque Israel tiene una agenda militar abierta que abarca a toda la región y un ejército de agentes dispuestos y deseosos de imponer esa agenda al gobierno estadounidense.
| James Petras James Petras es profesor emérito de sociología en la universidad de Binghamton (New York). Intelectual emblemático de la izquierda estadounidense, es autor de numerosas obras. James Petras es miembro de la conferencia «antiimperialista» Axis for Peace que organiza la Red Voltaire |
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